jueves, 23 de febrero de 2012

LA LEYENDA DEL LA CASA GRANDE DE LOS CHORRETITES.

AMABLEMENTE, NOS PASAN LA LEYENDA COMO COMENTARIO, PERO LE DAREMOS ENTRADA EN PRIMERA LINEA.
OS DEJO EL BLOG DEL AUTOR Y LA LEYENDA.

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manuel martínez moreno ha dejado un nuevo comentario en su entrada "UN PASEO POR LOS CHORRETITES, Nerpio, (Albacete)": 

La casa grande de Los Chorretites 
Parte I

Las paredes rezuman nobleza en la aldea de Los Chorretites entre las piedras arrimeradas que la sostienen como a su hermano, el castillo de Taibilla, o saltando la vista por los sabinares de Fuente de las Zorras hasta Los Poyos, que sobre las rocas del dios Neptuno cobija a los rebaños, cerca de la Sierra Huebras desde donde se divisa Santiago de la Espada. 

Desde el riachuelo hasta las esqueléticas piedras que la coronan, se ven a modo de terrazas entre las choperas y el amarillo de las retamas, los afanes del hombre agrícola; estos huertos salpican con fuerza la aridez del monte bajo que bordea los tablares áridos en este tiempo, entre olores a mejorana.

Las vides alineadas, parecen indicarnos por donde arremeter a la aldea, y, podría pasar desapercibida y mimetizada con el paisaje para el viajero, si no fuera por una casona que resalta sobre las demás, con su portalón que invita al descanso cuando canta la chicharra y al trago de agua fresca en el botijo que siempre cuelga tras el ventanuco hecho de noble madera del lugar.

La feria de Santiago de la Espada fue la más nombrada por aquellos lugares en estos tiempos, donde Leandro nunca faltó. Cada año desde los cinco la visitó con su padre y su abuela que partían como en procesión con los demás de la aldea.

-Leandro, ¿Qué nos traes hogaño? –Le preguntaban los hornilleros.

-Pos la verdá es que traiba tres rocines como primores, pero mira por donde, pasado el castillo de la Taibilla, en Pedro Andrés, se encapricharon de uno y lo tuve que vender, no me pude resistir al precio. Más adelante se me unió a mi marcha el hermano Francisco por los sabinares de Fuente las Zorras, y en llegando a Los Poyos, que ya casi se veía Santiago, va y me dice:

¬¬-Oye Leandro, que m’encaprichao de esa mula tolda y antes de que lleguemos a la Feria Santiago tenemos que cerrar el trato.

¬-Y así fue, en Sierra Huebras, que un poco más y llego sin naica, pero eso sí, con las alforjas llenas de duros.

Llegados a Santiago, Leandro se adelanta entre conocidos de todas partes, parece que todas las personas de aquellas sierras se hubieran concentrado allí, los Animeros venidos de Caravaca cantan y alegran la jornada con malagueñas, seguidillas y buenos tragos de vino manchego entre pieza y pieza, las bonitas serranas se dejan ver entre los forasteros, a Leandro le ofrecen gorrinas de cría, ovejas segureñas, a sabiendas de que sus jumentos son de lo mejor, y es un forastero, barrigón con su chaleco reluciente, quien haciendo ostentación de un reloj de plata que le cuelga del pequeño bolsillo, quien se dirige a él.

¬-Pide lo que quieras por el caballo. Le dice, sin mirarlo.

Leandro no se lo piensa dos veces, su honestidad le impide pedir en exceso. Aquel hombrecillo saca un manojo de billetes y con alegría, le paga en el acto.

¬-¿No lo mira usted, señor? Le reclama Leandro.

¬-Ya me informaron bien y sé que hago una buena compra, además no es para mí.

El tipo se perdió con el caballo en dirección a las sierras de Granada. Un maravilloso ejemplar difícil de olvidar por sus hechuras y por todos reconocido.

Leandro volvió a Los Chorretites satisfecho por la venta y pasaron los años, tantos que enterró a su padre y abuelos, mas él no dejaba de asistir a la Feria de Santiago de la Espada con su hijo, siguiendo la tradición. Allí fue donde se enteró que su caballo lo vieron por las sierras de Granada y Jaén montado por un famoso bandolero que operaba por aquellos terrenos, el niño de Arahal, compadre de El Pernales.

Llega noviembre de aquel año, el invierno parece tardío, las pajaritas de las nieves picotean de aquí para allá por delante de la casa de Leandro, quien mira el cielo y susurra: ¬ -Vaya la que va a caer. Prepara leña para esa noche y desde el cobertizo de al lado deja una buena rimera para el día siguiente. Se acuesta pronto, después de encerrar a los corderos y a un par de potrillos que cría... 


parte II

La casa grande de Los Chorretites 



En Los Chorretites, en efecto, amanece con un blanco deslumbrante y un silencio sepulcral, tan solo el graznido de alguna graja y un ruido extraño en la puerta de la cuadra que pone en guardia a Leandro. Rápido e inquieto corre veloz entre la nieve, y cuál es su sorpresa al ver al caballo que hace muchos años vendiera en Santiago. De inmediato intenta quitarle los aparejos, los cuales ve manchados de sangre, prosigue con la montura y las alforjas, y con un trapo seco se lo pasa al animal, percatándose de que no tiene sangre en el cuerpo, susurrándole lo acompaña al pesebre que bien conocía y resuella al verlo comer: ¬-Menos mal que no tienes nada,¡¡Qué alegría!! .Son los aparejos los que vienen tintados de sangre de algunos días, mas al tirar del ronzal, aparecen entre las alforjas multicolores un buen montón de monedas de oro y plata, tan brillantes y nuevas que parecían multiplicarse con cada apero que le quitaba a la montura.

Con este dinero mandó edificar la casa más grande de Los Chorretites. En una de sus paredes instaló una imagen de Nª Sª de la Cabeza, muy venerada en Nerpio y sus aldeas. Del bandolero darían cuenta los buitres de la Sierra Huebras, el caballo vivió mimado por Leandro, quien no pisó nunca más la Feria de Santiago de la Espada, por más de menos que se le echara. 

1 comentario:

Manuel martínez dijo...

Ya está publicado "Leyendas y relatos de las Sierras de Segura" de Manuel Martínez Moreno.